Agricultura Orgánica

La agricultura orgánica pacta con las prácticas de sostenibilidad, conservación y respeto hacia el medio ambiente. La agricultura orgánica busca aprender de la naturaleza en pro del mejoramiento de procesos productivos, que logren interactuar con ella y no dominarla.

En esta búsqueda, la agricultura orgánica promueve la protección hacia el medio ambiente y la biodiversidad, evitando el uso de plaguicidas sintéticos y fertilizantes minerales, fácilmente solubles. Así, este tipo de agricultura propende al reciclaje de nutrientes y al uso de métodos, adaptados a las condiciones ambientales locales.

Históricamente, la agricultura orgánica ha sido planteada desde varios enfoques. Una de las corrientes más representativas surgió en Inglaterra en 1930, de la mano de  Lady Eve Balfour y Sir Albert Howard, autores de «Un testamento agrícola». Ellos identificaron el desatino de homogenizar los sistemas productivos del mundo con el modelo occidental, puesto que son los procesos productivos locales – generados por la misma naturaleza en los distintos contextos – los que deberían determinar los patrones óptimos de producción en cada región.

La experiencia de Balfour y Howard impulsó la atención a la protección de los suelos, al concepto de bienestar de la planta a través de éstos y a los métodos de compostaje controlado. De igual manera, su contribución resaltó la importancia de la investigación local desde las fincas, así como el uso sostenible de los recursos.

Hoy, las prácticas de la agricultura orgánica constituyen un modelo dinámico que se ha expandido por varias regiones del mundo, generando un tipo de productor y consumidor comprometidos con la sostenibilidad del medio ambiente, así como con la salud vegetal, animal y humana. La agricultura orgánica establece un compromiso con la herencia benéfica de la naturaleza y su conservación.